Cuestión de actitud
Laureano López, LC

 

No es tan fácil, pero hay que intentarlo. ¿Qué tal nuestra actitud? Comenzar con buenas disposiciones este Adviento puede hacer la diferencia.

La actitud de Herodes

Herodes tuvo su adviento. «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle» (Mt 2,8). La noticia del nacimiento de un rey le había sobresaltado. No sólo se había informado por los sumos sacerdotes de la profecía, sino que convocó a los magos de oriente para que le precisaran hasta el más mínimo detalle. Herodes, podemos decir, se estaba preparando para este evento. Sin embargo, su actitud no era sincera. Veía en aquel niño un usurpador de sus intereses. Aquel nuevo rey no debía reinar en el mundo, no podía gobernar en su corazón.

La actitud de los sumos sacerdotes

«Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta…» (Mt 2,5). Los sumos sacerdotes y escribas conocían perfectamente las escrituras. Sabían que tenía que nacer un Mesías para guiar al pueblo de Israel, conocían incluso el lugar. Sin embargo, su preparación se redujo a una actitud de un saber apático. Les faltaba la experiencia viva que brota de una fe llena de esperanza.

La actitud de los magos

«Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» (Mt 2,2). Los magos, probablemente después de un gran esfuerzo, han encontrado la estrella. Pero no es suficiente. La fe es la que los ha impulsado y los ha guiado en el camino hacia aquel niño. Seguramente muchos magos de aquel tiempo detectaron el astro, sin embargo sólo algunos tomaron la decisión de seguir aquel camino claroscuro que les llevaría a encontrar al recién nacido.

La actitud de los pastores

«Los pastores se decían unos a otros: “Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado” Fueron a toda prisa y encontraron a María, José y al niño acostado en un pesebre» (Lc 2,15-16). A éstos les llegó la Navidad de improviso. No obstante, siendo sencillos de corazón fueron capaces de sobreponerse al cansancio de la jornada. Dejaron sus propios planes y se encaminaron, a toda prisa, a contemplar el misterio anunciado por el ángel.

La actitud de María

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). María no se preparó sola. Dejó que Cristo la transformase para este momento tan sublime. Ella no presenció un acontecimiento histórico, más bien vivió la experiencia del Dios hecho carne. La Virgen no escuchó pasivamente una profecía, sino que por el contrario reflexionaba y meditaba todas estas cosas en su corazón. En el silencio, en la oración pudo penetrar un poco más en este santo misterio.

Este Adviento y esta Navidad pueden ser diferentes para cada uno de nosotros. Se trata de una cuestión de actitud personal.